A los 23 años, en 1833,
trató de quitarse la vida. Siete años más tarde, vivió una de sus épocas más felices
y creativas. En 1844, cayó de nuevo en la más profunda depresión. Cuatro años después,
volvía a estar alto, es decir, en otra etapa de euforia. Y en 1854 trató de suicidarse
otra vez tirándose al río Rin, aunque le rescataron. Entonces fue internado en un
psiquiátrico donde murió dos años después de una inanición que él mismo se impuso.
Estos son los altibajos
que protagonizaron la vida del compositor Robert Schumann y que describen muy bien la enfermedad maníaco-depresiva, más conocida como bipolar por el hecho de arrojar
al individuo desde la apatía más absoluta hasta la genialidad.
Los resultados de las últimas investigaciones sobre esta patología se acaban de presentar en el II Congreso Internacional sobre la Enfermedad Bipolar celebrado
en Pittsburgh, Pensilvania. Aparte de Schumann, muchos otros artistas y
escritores famosos están en las listas de afectados. Edgar Allan Poe, Sylvia Plath,
Vincent van Gogh, Cole Porter, Balzac, Hemingway, Isak Dinesen, Virginia Woolf,
Gustav Mahler, Haendel, Mary Shelley, Charly Parker, Lord Byron, Shelley, Holderlin,
Gauguin, Rosseti, Jackson Pollock son sólo unos pocos nombres. Esto hizo pensar
que la enfermedad estaba asociada con la creatividad.
A finales del siglo pasado y principios de éste se hicieron una serie de estudios
que demostraron que, efectivamente, era más frecuente entre artistas que entre la
población general. Pero lo cierto es que, aún así, ni la mayoría de afectados por
la enfermedad bipolar tiene la genialidad de Schumann o Pollack, ni todos los artistas
tienen cambios bruscos de carácter y son bipolares. Lo único que se consigue al
rodear esta patología de romanticismo y hacer generalizaciones es trivializar una
enfermedad que provoca mucho sufrimiento y que en muchos casos acaba en suicidio.
El 60-80% de todos
los adolescentes y adultos que cometen suicidio tiene una historia de enfermedad
afectiva (tanto bipolar como depresión grave, también llamada unipolar). Y del total
de pacientes con manía depresiva, el 15% se acaba quitando la vida (sin contar el
número de intentos de suicidio fallidos).
Algunos pacientes, sin embargo, -según escribe el doctor Eduard Vieta, psiquiatra
del Hospital Clínic de Barcelona- aprovechan la enfermedad para desarrollar los
matices de creatividad y liderazgo que comporta.
Todo depende de la intensidad de la manía y de la depresión, los dos síntomas extremos de los pacientes. La depresión sumerge al paciente en la apatía absoluta y la manía puede volverle hiperactivo, insomne y, en ocasiones, tremendamente creativo. Mike es un joven bipolar que ha decidido explicar abiertamente en Internet su enfermedad. Estudió física y astronomía en Santa Cruz, EEUU; escribe cuentos; compone música y trabaja como programador de Macintosh. «Yo paso mucho tiempo sin poderme quitar de la cabeza la idea del suicidio. Esto es algo que todos los maníaco depresivos experimentan», escribe Mike. «Pero hay una ironía en esta enfermedad. A menudo somos creativos e inteligentes. Cuando me deprimo me aburre todo lo que hago. Nada es interesante. Da la sensación de que no está ocurriendo nada a mi alrededor y cualquier pequeño obstáculo se me hace infranqueable y me llena de desesperación. Hago esfuerzos por mantenerme ocupado, y cuando miro atrás y veo todas las cosas que yo mismo he hecho en otro momento no puedo creérmelo. Pero existe una diferencia entre sentirse creativo y serlo».
«Cuando estoy con hipomanía
(manía moderada) me vuelvo muy imaginativo. Durante uno de esos periodos, inventé
un nuevo método para comprimir imágenes gráficas de ordenador, y permanecía despierto
todas las noches diseñando maneras para hacer que los ficheros fuesen todavía más pequeños. Me quedaba en vela creando complicados programas como un loco. En cambio,
cuando entro en estado de manía más aguda, empiezo a pensar en verso. Esta es una
de las formas por las que sé que entro en la fase de manía. Cuando estoy normal
soy incapaz de componer una poesía, pero cuando estoy alto puedo hablar durante
mucho rato en rima».
Cerca del 2% de la
población es bipolar, lo que significa que en España hay
unas 800.000 personas que sufren esta enfermedad.
"Usted debe conocer a un centenar de personas. Y estoy seguro de que un par de
ellas son bipolares", dice Mike. "Muchos de estos enfermos con frecuencia, y algunos
otros no tan a menudo, estamos divorciados de la realidad. Lo que la gente no acierta
a entender es que la realidad no es algo que nos suceda, sino algo que nosotros
construimos. Y para recuperarse de una enfermedad como la manía depresiva uno debe
aprender a construirse una realidad mejor y a
agarrarse a ella aunque la fuerza de los propios sentimientos te empuje a volcarla".
En algunos pacientes, la fase de manía puede llegar a ser grave y requerir
hospitalización. También puede haber síntomas psicóticos con alucinaciones y delirios,
que son más frecuentes en los casos más graves de esta alteración (llamada de tipo
I).
El litio
Todavía no se ha encontrado un tratamiento totalmente
efectivo que cure la enfermedad bipolar. Sin embargo se puede mantener a raya en
la mayoría de los casos. El primer fármaco que apareció para luchar contra ella
fue el litio, una sustancia química pura que se vende bajo distintas marcas.
Los efectos del litio fueron descubiertos en 1949 por un médico australiano
llamado John Cade que lo estaba usando en ratones para curarles la gota y descubrió
que tenía un efecto sedante.En los años 60 se probó en humanos y se demostró que
el litio aliviaba los síntomas de la manía. Fue aprobado por la FDA en 1971. Este
compuesto químico es la sustancia mejor estudiada para el tratamiento de la manía
depresiva y es eficaz no sólamente en la fase aguda de manía sino, también, para
el tratamiento a largo plazo. Sin embargo, puede tener efectos secundarios en algunas
personas y en dosis altas es tóxico, por lo que la administración ha de ser controlada
rigurosamente por el médico y los pacientes deben realizarse análisis periódicos
para comprobar cuál es la concentración de esta sustancia en la sangre.
Un reciente estudio, publicado en el Clinical Psychiatry News del pasado
noviembre, desveló que algunos pacientes con enfermedad bipolar que han seguido
cumpliendo con el tratamiento durante años pueden sufrir una recaída gradual. Estos
enfermos vuelven a tener los síntomas y la enfermedad puede seguir un ciclo más
acelerado de manía y depresión que el que caracterizó a la enfermedad en sus estadios
iniciales.
Los síntomas también pueden volver a aparecer en pacientes que dejan de tomar
la medicación cuando notan que ya se encuentran bien. La terapia con litio que se
toma sólo cuando aparecen los síntomas puede no ser efectiva y los expertos no se
cansan de repetir que es importante seguirla de forma continuada.
Otro drama de esta enfermedad es que muchos enfermos que no hallan ayuda en la medicación desisten y recurren al alcohol y a las drogas, cosa que, por otro lado, suele tener un efecto nefasto en estos pacientes. Un estudio aparecido en el American Journal of Psychiatry el pasado octubre desveló que el 61% de los pacientes con enfermedad bipolar tipo I toma drogas o alcohol.
El litio también se
ha asociado a efectos secundarios graves en niños menores de siete años. La doctora
Elizabeth Weller de la Universidad de Ohio, que asistió al último congreso sobre
la enfermedad bipolar en Pittsburg, advierte que el litio debería prescribirse con
una precaución extrema en los niños. "De hecho, sólo debería ser recetado por médicos
que tengan mucha experiencia en utilizar este fármaco en los pacientes más pequeños".
A pesar de que el litio fue un fármaco muy eficaz que apareció cuando más
se necesitaba: cuando no había absolutamente nada con lo que ayudar a los pacientes
bipolares, se empezaron a buscar alternativas terapéuticas porque, no obstante,
la respuesta del paciente al litio fluctuaba entre excelente y bastante pobre, y
en algunos casos, incluso, resultaba intolerable. Hoy, aparte
del litio, hay otros productos que sirven de ayuda para combatir la manía depresiva.
Uno de ellos es el ácido valproico y sus derivados. Sin embargo, en la investigación
del tratamiento de la enfermedad bipolar, uno de los avances más significativos
es la terapia combinada. De los últimos ensayos se ha desprendido que muchos pacientes
que no responden a un medicamento único sí lo hacen a dos o más estabilizadores
del estado de ánimo, como se les llama. En este caso, se requieren controles periódicos
más frecuentes.
En cambio, lo que se ha quedado atrás es la investigación sobre la terapia
para la fase de depresión. "El tratamiento que existe es menos de lo que se necesita",
escribe el doctor Charles L. Bowden, de la división de Psiquiatría Biológica de
la Universidad de Texas, y uno de los ponentes del congreso de Pittsburgh. "Y, como
los fármacos que se aprueban para tratar la depresión
grave se pueden prescribir para la depresión bipolar, pues hay menos iniciativas
para apoyar los estudios en este campo".
El apoyo psicológico
es otra de las grandes ayudas contra la enfermedad bipolar. "El litio modera la
enfermedad, pero la terapia te enseña a vivir con ella", escribía Jamison en la
revista Time en 1995. Modificar el comportamiento para evitar los riesgos que comporta
esta patología; asegurar que se sigue el tratamiento farmacológico; ayudar a la
familia a aceptar la enfermedad y reducir el riesgo de suicidio son las metas.
Y en estos aspectos contribuyen en gran medida las asociaciones. En España,
la primera asociación bipolar se creó en 1993 en Barcelona (tel: 93-427.44.22).
Más tarde, en 1995, se inauguró la madrileña (tel: 93-904.45.03, por las tardes).
Ambas reúnen semanalmente a los pacientes y familiares que lo deseen para discutir
los problemas que haga falta
discutir y ayudarles en lo posible.
"Nos reunimos donde nos dejan», dice el director de la asociación catalana,
Carles Cornejo, que adelanta que ambas asociaciones pretenden crear el próximo mes
de septiembre una federación española para abarcar a los enfermos de todo el Estado
español.
Genética
Otro de los grandes campos de investigación en
la enfermedad bipolar es la genética. En los últimos meses, han aparecido varios
genes asociados con la manía depresiva. A finales del año pasado, unos investigadores
del Albert Einstein College de Nueva York relacionaron esta patología con un lugar en el brazo largo del cromosoma 22.
Unos meses antes, tres estudios aparecidos en el Nature Genetics, identificaban
varios genes responsables de la enfermedad bipolar: en el brazo corto del cromosoma
cuatro, en los cromosomas seis, 13 y 15, y en el brazo largo del cromosoma 18. Sin
embargo, en un comentario que acompañaba a estos estudios, Neil Rish y David Botsein,
de la Standford University, se mostraban escépticos, y afirmaban que otros trabajos
contradicen estos hallazgos.Por otro lado, las técnicas de diagnóstico por imagen
han desvelado diferencias en el cerebro de los enfermos bipolares. Según un estudio
publicado en un Nature del pasado mes de abril y realizado por unos neurobiólogos
de la Universidad de Pittsburg, en Pensilvania, la región del córtex prefrontal
ventral de los pacientes con manía depresiva es menor y menos activa que la de los
individuos normales.
myriamsalud.el-mundo.net