Interpsiquis 2002
Maria Reinares*, Eduard
Van Gent**.
* Psicóloga, becaria por el Institut d’Investigacions Biomèdiques Agustí Pi i Sunyer
(IDIBAPS) en el Programa de Trastornos Bipolares del Hospital Clínico de Barcelona,
Barcelona Stanley Foundation Research Center.
**Neuropsiquiatra, Slingeland Hospital, Doetinchem, Holanda
Resumen
Si bien la influencia de los factores genéticos
y biológicos resulta indiscutible en el trastorno bipolar, cada vez son más los
estudios que apoyan la importancia de los factores ambientales en el curso del trastorno.
Entre estos factores, la familia juega
un papel fundamental como posible protector o desencadenante de las recaídas. Es
evidente que entre el entorno familiar y el trastorno bipolar se puede establecer
una relación bidireccional en la que ambos se influyen mutuamente, de ahí la importancia
de englobar a la familia en el abordaje del trastorno, no sólo por su influencia
en el curso de la enfermedad sino también por la carga familiar y la clara demanda
llevada a cabo por parte de quienes conviven con el paciente de recibir más apoyo
e información sobre la enfermedad y sus estrategias de afrontamiento. Los estudios
realizados con familias de pacientes bipolares, la mayoría siguiendo el modelo psicoeducativo,
apoyan que la intervención familiar acompañada de tratamiento farmacológico permite
la reducción del número de recaídas y hospitalizaciones, mejorando el funcionamiento
familiar, ocupacional y social del paciente. Lamentablemente, los estudios controlados
resultan escasos y la mayoría presentan múltiples déficit metodológicos que deberían
ser solventados en futuras investigaciones. Sigue siendo un reto para los profesionales
de la salud mental el definir con mayor precisión el papel que juegan los distintos
tipos de intervenciones psicoterapéuticas,
siempre complementarias al tratamiento
farmacológico, en el abordaje del trastorno bipolar.
Introducción
El trastorno bipolar es una enfermedad
crónica y recurrente caracterizada por oscilaciones del estado de ánimo en forma
de episodios maníacos, hipomaníacos o mixtos que se alternan con episodios depresivos.
A pesar de la eficacia del tratamiento
farmacológico, muchos pacientes abandonan la medicación (1, 2) y otros siguen presentando
recaídas aunque lleven a cabo una buena adherencia terapéutica (3). Estos factores
empeoran el pronóstico del trastorno, especialmente si se tiene en cuenta que, según
algunos estudios, la vulnerabilidad para las recaídas podría verse incrementada
con cada una de ellas (4, 5). A su vez, las recurrencias del trastorno inciden negativamente
en la vida del paciente y de aquellos que le rodean, pudiendo dar lugar a hospitalizaciones,
intentos autolíticos, y alteraciones en el funcionamiento interpersonal, laboral,
económico y familiar.
Tal y como postula el modelo de vulnerabilidad
al estrés (6), las influencias ambientales juegan, junto con las genéticas y las
biológicas, un papel fundamental en el trastorno.
Miklowitz y Frank (7) explican las recurrencias
del trastorno bipolar a partir de la combinación de factores biológicos, acontecimientos
vitales estresantes de tipo agudo, formas crónicas de estrés familiar y alteraciones
del ritmo social y circadiano.
Todas estas razones justifican la importancia
de llevar a cabo intervenciones terapéuticas que complementen el tratamiento farmacológico
y que faciliten la adherencia terapéutica (8). Aunque con diversas limitaciones
metodológicas (9-12), son múltiples las intervenciones psicológicas que se han realizado
con pacientes bipolares: abordajes de orientación psicodinámica, psicoeducación,
terapia de grupo, intervención familiar, terapia cognitivo-conductual y finalmente
psicoterapia interpersonal.
Con respecto al ámbito familiar, algunos
estudios han relacionado determinadas actitudes familiares con la frecuencia de
recaídas en el paciente (13-17). La importancia del estrés ambiental en la evolución
del trastorno bipolar, la carga experimentada por los familiares que conviven con
el paciente y la demanda de las familias de recibir más información sobre el trastorno
y las estrategias de afrontamiento son algunas de las razones que fundamentan la
introducción de intervenciones centradas en la familia del paciente bipolar (18).
La mayoría de abordajes realizados parten del modelo psicoeducativo, que pretende
potenciar la colaboración activa por parte de los pacientes y sus familiares en
el tratamiento del trastorno (19), proporcionando mayor soporte e información sobre
la enfermedad, su etiología su curso y su tratamiento (20, 21), con la finalidad
de incidir positivamente en el curso del trastorno y mejorar la calidad de vida
de todos los miembros del sistema familiar.
Funcionamiento familiar
y trastorno bipolar
Carga familiar
El trastorno bipolar no sólo afecta al
paciente que lo padece sino también a las personas con las que convive, quienes
no sólo sufren las consecuencias de la enfermedad sino que a menudo acaban adoptando
la función de cuidadoras. Entre la enfermedad y el funcionamiento familiar se establece
una relación bidireccional, en la que el trastorno bipolar incide en el funcionamiento
familiar y, simultáneamente, dicho funcionamiento afecta al curso del trastorno.
El concepto de carga familiar cobra fuerza principalmente a partir de la progresiva
desinstitucionalización de pacientes con patología psiquiátrica fomentada por los
avances farmacológicos, lo cual supuso que muchas familias adoptaran el rol de cuidadoras.
La convivencia con un paciente
psiquiátrico generalmente se asocia a toda una serie
de alteraciones en la vida de quienes conviven con el paciente, generando una sensación
de carga en los cuidadores.
Son diversos los estudios que han estudiado
la repercusión de la enfermedad sobre el cuidador, Fadden y cols. (22) señalaron
que las actividades sociales y de ocio eran las más afectadas, así como el ámbito
económico. Perlick y cols. (23), concluyeron que el 93 de familiares de pacientes
bipolares o esquizoafectivos referían estrés moderado o elevado asociado a los síntomas
del paciente, a las alteraciones del funcionamiento diario o a los efectos de la
enfermedad sobre la actividad laboral y de ocio del familiar. Las creencias de los
familiares explicaban parte de la carga experimentada, que era superior en aquellos
casos en que los familiares atribuían al paciente la capacidad de controlar sus
síntomas. La influencia de las atribuciones en la percepción de la carga permite
remarcar la importancia de llevar a cabo intervenciones que instruyan a los familiares
sobre la enfermedad y sus formas de afrontamiento.
La carga experimentada por los familiares
adquiere un papel fundamental a partir de estudios recientes que señalan su posible
incidencia sobre el curso del trastorno. Los hallazgos de Perlick y cols. (24) sobre
una muestra de 264 pacientes bipolares sugieren que la carga del cuidador en el
momento agudo, así como durante la fase de estabilización, permite predecir la evolución
clínica en pacientes con trastorno bipolar.
Emoción expresada
Es evidente que el funcionamiento familiar
y el curso del trastorno bipolar se influyen mutuamente. Ante la aparición del trastorno
se manifiestan toda una serie de reacciones emocionales por parte de pacientes y
familiares que generalmente forman parte del proceso de aceptación de la enfermedad,
aunque si se mantienen su efecto puede resultar muy perjudicial para el curso del
trastorno. Cada nuevo episodio de la enfermedad altera el equilibrio familiar e
implica la necesidad de recurrir a diversas estrategias de afrontamiento.
La importancia de incorporar la intervención
familiar al tratamiento farmacológico se sustenta en los resultados de algunos estudios,
inicialmente realizados con pacientes esquizofrénicos, en los que se relacionaban
determinadas características del entorno familiar con el curso del trastorno. La
mayoría de estudios señalaban que la presencia de una elevada emoción expresada
(EE), constituida por comentarios críticos, hostilidad y sobreimplicación emocional
por parte de los familiares hacia el paciente, se relacionaba con una mayor frecuencia
de recaídas (25-29).
Progresivamente, la población de estudio
se fue ampliando y se empezaron a realizar trabajos similares con pacientes bipolares.
Los autores que han analizado las interacciones entre familiares y pacientes bipolares
tras la hospitalización han destacado la presencia de interacciones más negativas
en familias de alta EE que en las de baja EE (30).
Entre los primeros estudios con muestras
de pacientes bipolares cabría mencionar el de Miklowitz y cols. (13), quienes concluyeron
que cuando la EE era alta y el estilo afectivo (interacciones conductuales) negativo
las recaídas eran superiores (94
) que en los casos en que la EE era baja y el estilo
afectivo positivo (17 ). El estilo afectivo negativo en la familia ha sido propuesto
como uno de los principales predictores de mala evolución en pacientes bipolares
(31).
Los hallazgos de Priebe y cols. (14) y
los de Honig y cols. (15, 16) indicaron que aquellos pacientes que vivían con familiares
de alta EE mostraban peor evolución (episodios e ingresos hospitalarios) que los
que convivían con familiares de baja EE; lamentablemente, en los estudios de Honig
no se realizó un seguimiento prospectivo de la muestra. Más recientemente, Mino
y cols. (17) llevaron a cabo un estudio en una muestra de pacientes unipolares y
bipolares tras la fase aguda. La frecuencia de recaídas a los 9 meses fue del 83.3
para el total de la muestra con alta EE familiar y del 19.2 para el grupo de baja
EE.
Aunque los estudios realizados parecen sustentar la relación entre
una elevada EE y el curso del trastorno bipolar, todavía resultan escasos y metodológicamente
poco rigurosos. Un aspecto fundamental a tener presente al analizar los resultados
obtenidos es que el estudio del funcionamiento familiar de los pacientes bipolares
presenta problemas similares al de los acontecimientos vitales, fundamentalmente
distinguir entre causas y consecuencias del trastorno (32).
Intervención familiar en el trastorno bipolar
La intervención familiar pretende dotar
a las familias de una serie de conocimientos con el objetivo de mejorar su comprensión
sobre la enfermedad, así como facilitar
ciertos cambios en sus actitudes y conductas
que permitan optimizar el afrontamiento del trastorno y sus consecuencias.
La información permite prevenir, en la medida de lo posible, las recurrencias del
trastorno mediante la disminución de factores de riesgo (abandono de la medicación,
irregularidad de hábitos y estrés) y la identificación y tratamiento precoz de los
síntomas prodrómicos, con lo cual se persigue evitar el empeoramiento del episodio
y consecuentemente la posible hospitalización. A su vez, la información facilita
una óptima contribución por parte de los familiares ante un episodio agudo y ante
la presencia de sintomatología subsindrómica.
Incorporar el entrenamiento en resolución de problemas y en habilidades de comunicación
puede ser una estrategia útil para la prevención y el manejo del estrés familiar.
El facilitar conocimientos y recursos a
la familia no sólo contribuye a la comprensión, aceptación y afrontamiento de la
enfermedad, sino también a la desestigmatización del trastorno y a una mejoría en
la calidad de vida de todos sus miembros. Dichos factores pueden influir positivamente
en el curso de la enfermedad disminuyendo el número de recaídas y las consecuencias
negativas que de ellas se derivan.
Principales estudios de intervención familiar en el trastorno bipolar
La mayoría de estudios sobre intervención
familiar en pacientes bipolares están basados en los trabajos de Falloon y cols.
(33, 34) con pacientes esquizofrénicos, cuyo tratamiento estaba constituido por
los siguientes módulos: psicoeducación, entrenamiento en habilidades de comunicación
y entrenamiento en resolución de problemas. Cada vez es más unánime la idea de que
la fase de la enfermedad en que se encuentre el paciente condicionará las estrategias
terapéuticas que se utilizarán tanto con pacientes como con familiares.
Son diversos los estudios que señalan que
la intervención familiar constituye un recurso eficaz para reducir el número de
recaídas (Tabla 1).
Tabla 1. Principales estudios de intervención familiar en el trastorno bipolar.
Aunque con algunas limitaciones metodológicas, Fitzgerald (35) representa
a uno de los primeros autores que describió los beneficios de la intervención familiar
sobre el curso del trastorno bipolar, concretamente destacó la eficacia de la intervención
sobre la reducción de la tasa de recaídas, la mejora de la adherencia terapéutica
y la optimización de la comunicación familiar. Davenport y cols. (36) al comparar
la evolución de la enfermedad en tres grupos de pacientes bipolares medicados, señalaron
que aquellos que recibieron con mayor frecuencia tratamiento psicoterapéutico (terapia
de pareja grupal con sesiones semanales) presentaron durante el seguimiento un menor
número de ingresos, menores rupturas matrimoniales, mejor funcionamiento social
y disminución de las tasas de suicidio.
Por su parte, los resultados de Miklowitz y Goldstein (37) reflejaron un 11 de recaídas
en los pacientes que recibieron tratamiento farmacológico junto a intervención familiar,
frente a un 61 de recaídas en el grupo que recibió exclusivamente tratamiento farmacológico.
En contraposición a estos hallazgos, Van Gent y Zwart (38) destacaron que tras llevar
a cabo una intervención psicoeducativa en parejas de pacientes bipolares, el grupo
experimental presentó un incremento de los conocimientos sobre la enfermedad y su
tratamiento y un aumento de la comprensión mutua con respecto al grupo control;
sin embargo, no se observaron diferencias significativas en el cumplimiento de la
medicación y el número de reingresos.
Partiendo de la hipótesis de que la EE condicionaría el curso del trastorno
bipolar, Honig y cols. (15) llevaron a cabo una intervención psicoeducativa tras
la cual el 21 de los familiares de pacientes bipolares redujo su EE, a diferencia del grupo control en el que no se registraron cambios.
No obstante, las diferencias
no alcanzaron significación estadística. Posteriormente, Honig y cols. (16) obtuvieron
resultados similares, pero con diferencias significativas, al incrementar el tamaño
de la muestra. Retrospectivamente, los pacientes de familias con alta EE habían
presentado más recaídas que los de familias de baja EE. Dado que tras la intervención
no se llevó a cabo un seguimiento de los pacientes, no es posible establecer si
el cambio en la EE de los familiares afectaría al posterior curso de la enfermedad.
Otros autores han destacado la mejoría
clínica y sociolaboral que presentaron aquellos pacientes bipolares, concretamente
de sexo femenino, con los que se realizó una intervención familiar de tipo psicoeducativo
concomitante al tratamiento farmacológico, con respecto a aquellos que fueron tratados
únicamente con fármacos (39-42). También se puso en evidencia que la actitud de
los familiares hacia el paciente y su tratamiento mejoraba tras la intervención
familiar. Un dato interesante a remarcar es la relación que se estableció entre
la actitud familiar hacia la farmacoterapia durante la intervención y la subsiguiente
adherencia terapéutica por parte de los pacientes.
En un estudio posterior, Clarkin y cols.
(43) señalaron que a los 11 meses de tratamiento, los pacientes que recibieron sesiones
de abordaje de pareja de tipo psicoeducativo junto a tratamiento farmacológico presentaban
mejor adherencia terapéutica y una mejoría global con respecto a quienes recibieron
exclusivamente tratamiento farmacológico.
Más recientemente, Miklowitz y cols. (44)
llevaron a cabo un estudio randomizado con una amplia muestra de pacientes bipolares
en el que concluyeron que la intervención familiar permitía reducir el número de
recaídas y mejorar la sintomatología depresiva, no la maníaca. Los cambios más sustanciales
se obtuvieron en familias de alta EE. La medicación y el cumplimiento terapéutico
no explicaban las diferencias obtenidas.